Sin derechos laborales y con muchos prejuicios, así viven las trabajadoras sexuales

Este dos de junio se conmemora el Día Internacional de las Trabajadoras Sexuales.

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Marcha de trabajadoras sexuales
Foto: EFE

Las mujeres trabajadoras sexuales se enfrentan cotidianamente a la violencia e inseguridad, situaciones propiciadas por los prejuicios y estigmas en torno a la actividad que realizan, y la falta de legislaciones que protejan sus derechos.

El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) señala que las agresiones, además, se originan debido a edad, el origen étnico, la identidad de género o la condición de pobreza en la que se encuentran quienes ejercen esta forma de trabajo.

Acusa que tanto a nivel federal, local y municipal se llevan a cabo disposiciones normativas y prácticas discriminatorias contra este sector, las cuales tienen su origen  en “una perspectiva moralista, de exclusión, estigmatización, discriminación y violencia hacia las personas que ejercen el trabajo sexual”.

Legal, pero criminalizado

En México, ejercer el trabajo sexual de manera voluntaria y siendo mayor de edad esta permitido, pues se fundamente en los derechos a la igualdad, la no discriminación y la libertad de trabajo.

No obstante, en el país la criminalización de este sigue ocurriendo, al castigarse como una falta administrativa o penal en algunas entidades, lo que va en contra de los derechos humanos.

Incluso en donde esta forma de trabajo se suspendió ese modo de criminalización, siguen faltando políticas públicas que garanticen los derechos laborales y humanos de las trabajadoras sexuales, señaló la organización en pro de este sector, Brigada Callejera, citada por La Cooperacha.

Elvira Madrid, fundadora de dicha organización civil, mencionó para El País que resulta relevante que el trabajo sexual se reconozca como “un trabajo porque todos tenemos derechos y los derechos de unas personas no están por encima de las otras, no hay ciudadanas de primera ni de segunda categoría”.

Destacó que las persecuciones que existen en contra de las trabajadoras sexuales las orillan a ocultarse y a estar expuestas al crimen organizado.

Sumado a esta falta de reconocimiento en lo legal, las trabajadoras sexuales también se enfrentan a múltiples prejuicios fomentados por una supuesta moralidad, los cuales las continúan fomentando que esta forma de trabajo sea vista como un tabú y, como un circulo vicioso, la discriminación y violencia en contra de quienes ejercen esta actividad continúe.

La revista Nexos señala que las trabajadoras sexuales pueden ser tachadas de “calientes”, “huevonas”, “locas” o que están en esa situación por “analfabetas”, “pobres”, “ignorantes” o porque son víctimas de trata de personas, dejando de lado la autonomía de sus cuerpos, aunque claro no es un secreto que la trata existe en este entorno.

Cabe resaltar que, según una encuesta realizada por el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED), el 34% de las trabajadoras sexuales entrevistadas señaló que llevaban a cabo esta actividad por necesidad, mientras que el 65.9% aseguró que esta era su principal ingreso y el 6.3% mencionó que porque “no me queda de otra”.

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