El mito de la virginidad, un modo de opresión patriarcal

No existe una definición científica sobre este término, el cual se ha usado históricamente para oprimir a las mujeres.

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Metáfora de la virginidad
Foto: Pexels

El mito de la virginidad fue construido desde la antigüedad como un método de opresión para las mujeres, a quienes luego de tener relaciones sexuales por primera vez se les calificaba- y se les califica aún en la actualidad- con adjetivos humillantes sobre su valor, como si de un objeto se tratara.

Sin embargo, algo claro es que la virginidad no existe, se trata de un término que no tiene definición médica, ni científica, mucho menos es algo comprobable, sino que es un concepto creado por la sociedad patriarcal.

Actualmente, sigue siendo común hablar sobre la virginidad como algo relacionado con la “pureza” de una mujer, además, en torno a este absurdo término se han creado mitos que no hacen más que perjudicar la vida sexual del sector femenino.

¿Qué se entiende por ser virgen?

La virginidad, según la perspectiva de la sociedad, se pierde cuando el himen de una mujer, el cual cubre parcialmente la entrada vaginal, se rompe al ser penetrada por un pene. Esta situación suele ser duramente juzgada, pues las creencias machistas indican que esta membrana debería permanecer intacta hasta el matrimonio.

La definición anterior es de por si ridícula, además de problemática, pues muchas mujeres temen tener relaciones por el hecho de que se les ha dicho que serán dolorosas, que habrá sangre y que, aparte de todo, serán juzgadas porque el himen no esté ahí. Además, este término no considera la diversidad de preferencias sexuales que existen además de la heterosexualidad.

Es cierto que puede que haya dolor o sangrado, sobre todo debido a la tensión de tener sexo por primera vez, la falta de experiencia, de lubricación o de preliminares, explica el diario El Español, sin embargo, también es común que no suceda.

¿Qué sucede entonces con el himen?

Planned Parenthood señala que el himen es un tejido fino y carnoso que se ubica en la entrada de la vagina, el cual, usualmente no la cubre por completo, e incluso algunas personas tienen tan poco de este tejido que pareciera que no tienen nada. Se puede romper por andar en bicicleta, hacer deportes, usar tampones, entre otras causas, y también hay casos en el que no se rompe al tener relaciones sexuales, o en los que naturalmente se encuentra abierto.

Así que ni siquiera existe un modo en el que ser “virgen” pueda ser un término con bases, por lo que su función se limita ha juzgar al sector femenino según su vida sexual, retándole decisión, libertad y poder sobre su propio cuerpo.

Norma Bernad, directora de la Unión de Asociaciones Familiares (UNAF) resalta que “la virginidad es uno de los mandatos de género centrales del sistema patriarcal para el control y dominio de la sexualidad femenina. Este mandato, presente en todas las culturas del mundo, vulnera los derechos sexuales y tiene graves consecuencias para la salud de las mujeres”.

Esto debido a que el concepto impuesto fomenta la cultura de la violación y la violencia de género con el cometimiento de crímenes como violencia sexual a menores, matrimonios forzados, mutilación genital femenina, pruebas de virginidad, cirugías para la reconstrucción de himen, violencia psicológica, entre otras, destaca la asociación española.

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