Acoso escolar, desde el punto de vista del acosador

El acoso escolar deja huellas profundas tanto en las víctimas como en los perpetradores.

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Acoso escolar
Foto: Unsplash

Está claro que la educación nacional, en los últimos años, ha tomado la medida del acoso escolar. Donde la misión de la escuela es educar a los futuros adultos enseñándoles a vivir juntos; sin embargo, miles de estudiantes siguen siendo víctimas del bullying en las escuelas. Algunos de estos casos se clasifican como severos. 

Desde hace muchos años se ha centrado toda la atención en aquellos que reciben el bullying, e incluso, en algunas instituciones existen manuales en el que se les indica cómo tratar las situaciones de acoso en las escuelas en los que únicamente se mencionan posibles sanciones, en un estilo administrativo. 

No obstante, es urgente tratar de comprender por qué algunos de los estudiantes, y por lo tanto los futuros ciudadanos, se ven reducidos a hacer sufrir a sus compañeros para poder existir. Porque si el acoso escolar tiene graves consecuencias para las víctimas, también condiciona el futuro de los acosadores. 

¿Cuáles son los mecanismos que gobiernan el acoso escolar? ¿Qué tipo de adolescentes son estos? ¿Cómo reaccionar como padre y/o madre? Son algunas de las preguntas que como adultos podemos hacernos, algunos mientras recuerdan aquellos años de acoso escolar, otros porque son padres de familia y algunos otros porque su trabajo es estudiar el comportamiento de los alumnos. 

Sumérgete en el corazón de un fenómeno que arroja luz no sólo sobre el fenómeno de la adolescencia, sino que también es un espejo de nuestra sociedad.

Definición de acoso escolar

Para que se pueda concluir que ha habido bullying en la escuela, la violencia debe ser necesariamente:

  • Voluntarios: sus resultados implican una voluntad real de hacer daño.
  • Recurrentes: duran y se repiten en el tiempo.

Se puede observar desde el principio que esta violencia es multifacética:

  • Físico: (golpizas, violencia sexual, etc.) Ten en cuenta que la intención y la repetición son la principal firma del acoso. Por ejemplo, un alumno que tiene que sufrir una palmada en la nuca por parte de un grupo de alumnos cada vez que ingresa a clase puede ser considerado en una situación de acoso escolar, incluso si la violencia física de la golpiza es baja.
  • Material: (útiles rotos, robo de comida, ropa rota, etc.)
  • Psicológico: En este caso la violencia es directa (insultos, intimidación) o insidiosa (chantaje, exclusión del grupo). Se hace hincapié en que la violencia insidiosa es a menudo la más devastadora psicológicamente.
  • Cyberbullying: Todo el mundo entiende que las fotos comprometedoras o los insultos anónimos publicados en un grupo de WhatsApp o en redes sociales, forman parte del acoso escolar aunque todo esto se lleve a cabo fuera de los confines físicos de la escuela.

Perfiles de los niños acosadores

  • Seguidores: No son los iniciadores del acoso. Siguen al grupo sin saber realmente por qué, a veces por temor a ser acosados. 
  • Los líderes: Son el origen activo del acoso. Sin ellos, no hay acoso. Se destaca que en algunos de los casos, el alumno que golpea a otro no es el verdadero responsable de la cadena. En el campo de la manipulación, no es raro que un estudiante A ejerza presión psicológica cobre un estudiante B para que golpee al estudiante C. Entendemos que si B es el que golpea, A sigue siendo el líder activo. 
  • Niños que repiten trauma: Ellos mismos han sido acosados y repiten un patrón sin entenderlo. 

¿Qué consecuencias hay contra los acosadores?

El acoso escolar deja huellas profundas tanto en las víctimas como en los perpetradores. Los estudios a largo plazo muestran, por ejemplo, una correlación entre el acoso escolar y un aumento de las conductas de riesgo (consumo de drogas, vida sexual desenfrenada, etc.). Probablemente sea en la dinámica del vínculo con el otro donde las consecuencias serán más fuertes (dificultades para desarrollar relaciones positivas de pareja y parental).

Las consecuencias a largo plazo también dependen de los perfiles de acoso descritos anteriormente:

  • Los seguidores: es la tendencia a la culpa y la depresión que observaremos. Puede establecerse una baja autoestima, lo que hará que sea difícil tomar decisiones y ser feliz en la vida.
  • Los líderes: una vez adultos, tenderán a presentar más a menudo que otros una mayor impulsividad física y una intolerancia a la frustración (violencia doméstica, educación de los niños a base de bofetadas y azotes, etc.). En los casos más graves, puede afianzarse una estructura psíquica perversa. La mayor dificultad es, que no acepten que están mal, por lo que no tienen la necesidad de recibir ayuda.
  • Niños que repiten trauma: es cuando ellos mismos se convierten en agresores cuando se dan cuenta de que fueron las primeras víctimas. Entonces, el riesgo está más del lado de los pensamientos suicidas; en la imposibilidad de salir del diagrama verdugo / víctima.

Este enfoque conduce necesariamente a un cuestionamiento del funcionamiento familiar y el comportamiento individual. Para ir al grano: agredir simbólicamente a los compañeros es agredir a los padres.

La experiencia muestra que la mayoría de las veces, los acosadores viven en un clima de violencia activa o pasiva en el hogar. Si son más bien discretos dentro de la familia, muy a menudo estos niños viven en un clima de conflicto y, como resultado, se identifican con la agresividad desatada por uno o los padres.

El mecanismo de identificación con el padre negativo se refuerza a lo largo de los años y el niño sigue actuando según sus impulsos. En realidad, esos niños experimentan un sufrimiento real. El problema es que no logran expresarse más que dominando a los demás.

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