¿Qué puede causar el estrés? Descubre las 7 enfermedades vinculadas a vivir con presión

Llevar nuestro organismo al extremo puede traer varias consecuencias contra la salud.

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Estrés
Foto: Unsplash

Estrés, ¿una enfermedad? No realmente, pero si persiste y se intensifica, puede causar un daño a nuestra salud física y mental que es difícil de detener. Porque aunque el estrés sea a priori fisiológico, su cronicidad puede ser perjudicial para nuestro organismo.

En general, el estrés provoca primero trastornos funcionales (ligados a la estimulación del funcionamiento de los órganos) y luego trastornos orgánicos. Por ejemplo, el estrés promueve la hipertensión arterial (trastorno funcional) y luego aumenta posteriormente el riesgo de patología cardíaca.

¿Cuáles son estas patologías relacionadas con el estrés?

Si el estrés es nuestro aliado en reaccionar, adaptar, luchar o huir, puede representar un peligro real para nuestro organismo si se vuelve recurrente. Esto se debe a que el sistema nervioso, hormonal e inmunológico se moviliza y los síntomas, inicialmente puramente funcionales, pueden conducir silenciosamente a una serie de patologías puramente orgánicas.

No todos reaccionamos al estrés de la misma manera. Si la pérdida de un ser querido te está afectando, otros pueden experimentarlo de manera diferente y si uno de tus amigos acaba de perder su trabajo, las consecuencias en su salud mental y física pueden no ser tan graves como para ti. El entorno social o profesional, el clima conyugal, los antecedentes familiares y/o los traumas son todos factores que afectarán tus emociones y, sin saberlo, acabarán con patologías graves y/o crónicas.

Enfermedades digestivas provocadas por el estrés

¿Quién nunca ha tenido problemas digestivos el día anterior a una entrevista de trabajo o antes de hablar en público? El estrés causa muchos inconvenientes en nuestro intestino. Podemos evocar hinchazón, náuseas, acidez, diarrea o estreñimiento.

El estómago se vacía con menos rapidez, el tránsito se ralentiza y las bacterias del tracto digestivo desencadenan la inflamación para defenderse. Cuando algunas personas pasan por este episodio “banal” sin pestañear, otras, abrumadas por sus emociones y sufriendo demasiado tiempo de estrés, pueden provocar enfermedades mucho más graves como colopatías, síndromes de intestino irritable o úlceras.

Trastornos relacionados con el estrés cardiovascular

Manos sudorosas, corazón acelerado, aumento de la presión arterial, dolor en el pecho son algunos de los síntomas más típicos del estrés único, pero cuando el estrés persiste, se convierte en uno de los factores de riesgo más dañinos para el corazón y las arterias, al igual que el tabaquismo o la diabetes.

Sus efectos sobre el sistema cardiovascular están ligados entre otras cosas a la estimulación del sistema simpático que controla gran parte de nuestras actividades inconscientes como son los latidos del corazón, pero también actúa sobre ciertos neurotransmisores como la adrenalina, nuestro “refuerzo” energético.

Bajo el efecto del estrés, estas manifestaciones biológicas y fisiológicas cambian y pueden ser responsables de hipertensión arterial, ataques de angina (falta de oxígeno en las arterias del corazón), accidentes cerebrovasculares o infartos de miocardio.

El estrés crónico promueve el hipertiroidismo

La tiroides es una hormona esencial para nuestro organismo. Su función tiene múltiples facetas: podemos citar, entre otras, la regulación de la temperatura corporal, frecuencia cardíaca, sistema nervioso, tracto digestivo y genitales, pero sucede que esta glándula se desordena bajo el efecto del estrés crónico.

Esto se llama hipotiroidismo (cuando la glándula tiroides se está desacelerando) o hipertiroidismo (cuando la glándula tiroides produce demasiadas hormonas de manera descontrolada).

Cuando hay hipertiroidismo, se alteran todos los procesos metabólicos: frecuencia cardíaca acelerada, tránsito intestinal alterado (diarrea crónica), sudoración exacerbada, dificultad para respirar con el esfuerzo. Sin embargo, también irritabilidad, nerviosismo, temblores de manos y pérdida de peso espectacular en sólo unos pocos minutos de tiempo.

El estrés causa infecciones virales

El estrés físico o psicológico debilita las defensas inmunitarias, provocando infecciones virales o microbianas. Para defender al organismo, el sistema inmunológico es el baluarte frente a cualquier agresión o cuerpo extraño que no reconozca, pero si hay tensión emocional o estrés recurrente, este sistema se interrumpe o se debilita y aparecen ciertas infecciones. Podríamos citar resfriados crónicos, amigdalitis o brotes de herpes e infecciones urinarias y vaginales.

¿Puede el estrés provocar infecciones de la piel?

El estrés puede provocar infecciones cutáneas graves. Algunos de estos son: la histamina. Producida en cantidades muy grandes cuando la ansiedad apunta a su nariz, esta sustancia química liberada durante una reacción alérgica está ampliamente involucrada en los fenómenos inflamatorios.

El picor, la caída del cabello, el enrojecimiento, las espinillas, pero también el eccema, la urticaria, el herpes y la psoriasis, representan las infecciones cutáneas más frecuentes en las personas que padecen estrés crónico.

El estrés promueve trastornos ginecológicos

En las mujeres, el estrés puede alterar el sistema hormonal y provocar determinados trastornos ginecológicos: menstruaciones dolorosas o ciclos irregulares, ovulación alterada o retrasada, abortos espontáneos o partos prematuros.

Trastornos del tono muscular

Se trata de una de las enfermedades psicosomáticas más características del estrés o ansiedad crónica: la sensación de dolor muscular y articular en determinadas regiones del cuerpo, especialmente en la espalda o el cuello son dolores generalizados que se deben en parte a la sobrecarga de adrenalina enviada por el sistema nervioso a través del cuerpo para que pueda responder al peligro. Así que los músculos, cargados de toxinas e hipertónicos, sienten dolor y se cansan.

Intenta combatir el estrés

Ser consciente de los factores de riesgo que conlleva el estrés y, a su vez, tomar conciencia de las alarmas que lanza nuestro cuerpo para indicar el inicio de un momento (o situación) estresante es el primer paso para combatirlo (y mejorar nuestra vida).

Reconocer los propios signos de aparición del estrés es, por tanto, una primera respuesta eficaz y funcional. Tratar de “dar un paso atrás” y analizar la situación estresante puede ayudar a manejar el evento cuando está sucediendo.

También existen varias actividades que pueden ayudarnos concretamente en el manejo del estrés a largo plazo:

  • Ejercicio: ayuda a liberar endorfinas, una serie de hormonas reguladoras del estado de ánimo que pueden proporcionar relajación y energía renovada. No es necesario que te conviertas en una corredora de maratón, incluso una caminata de media hora o una sesión de ejercicio moderado de 20 minutos puede funcionar.
  • Medita: Date unos minutos de calma e interiorización, esto puede disminuir la presión arterial, la frecuencia cardíaca y, una vez más, generar hormonas antiestrés útiles para manejar la situación.
  • Ejercicios respiratorios: la respiración diafragmática es muy útil para aumentar el volumen de oxígeno presente en los pulmones, disminuir la frecuencia cardíaca, relajar los músculos. Aprender las técnicas de respiración (también a través de videos en YouTube o, mejor aún, haciendo ejercicios de gimnasia postural) y usarlas durante unos minutos todos los días, puede ser muy útil para combatir el estrés.
  • Duerme bien: apúntate a irte a dormir siempre a la misma hora, intenta dormir siete horas por noche, evita usar el celular al menos una hora antes de acostarte, ten una habitación un poco más fresca que la sala de estar y, sobre todo, oscuros, son muy útiles para una correcta higiene del sueño. El sueño es el momento de recargar nuestro cerebro, por lo tanto, como decía el viejo adagio, dormir bien es la mejor medicina.
  • Mantén relaciones sociales: incluso durante una pandemia. El hombre es un animal social, escribió Aristóteles. Intentar escuchar a familiares y amigos, organizar videollamadas, llamar, escribir, mantener una relación directa, son elementos muy importantes para aliviar el estrés, sobre todo porque te permiten relativizar tu condición con la de los demás. Por otro lado, la empatía de un familiar y amigo puede ser un elemento muy importante en la lucha contra el estrés.

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