¿Cuáles son los riesgos de mantener un “pensamiento positivo” ante todo?

Suprimir las emociones trae graves consecuencias para la salud mental.

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Foto: Pexels

Cuando algo va mal, es común que las personas de alrededor emitan mensajes como “no llores”, “échale ganas”, “piensa en lo bueno”, “mejor sonríe y te sentirás mejor”, entre otras.

También suele ocurrir que cuando los ánimos están bajos u ocurrió algo desagradable, nos demos mensajes positivos para evitar estar o sentirnos mal, y optemos por hacer lo contrario.

Sin embargo, así como ser negativo en extremo o hundirse en situaciones desagradables es perjudicial para la salud mental, también lo es el pensar positivo todo el tiempo.

La positividad tóxica se refiere a sobreponer ante cualquier situación una actitud positiva que, por obvias razones, es falsa. Al tomar esta postura se prioriza el estar “feliz” o “alegre” y se evita sufrir o aceptar el fracaso, las situaciones desagradables si cualquier evento que no ocasione sentimientos positivos.

La terapeuta y psicóloga británica Sally Baker explicó para BBC Mundo que “el problema de la positividad tóxica es que es una negación de todos los aspectos emocionales que sentimos ante cualquier situación que nos plantee un desafío”.

Es decir que la variedad de emociones y sentimientos que se pueden presentar frente a determinadas situaciones y que puedes ser complicados se “esconden” y se hace énfasis en los positivos.

Expresiones del “pensamiento positivo” excesivo

Algunos de los signos de pensar positivo en exceso son: sentirse culpable por los sentimientos que se tienen, ocultar tus verdaderos sentimientos, avergonzarte por expresar cualquier emoción que no sea positiva, minimizar las experiencias de otras personas con declaraciones que te hacen sentir bien, ignorar lo que te molesta, estigmatizar lo negativo, entre otras.

Esta llamada positividad tóxica implica riesgos importantes, pues, como explican las psicólogas estadounidenses Samara Quintero y Jamie Long, citadas por Observatorio Tec, se suprimen las emociones, lo que puede producir estrés, ansiedad, depresión e incluso enfermedades físicas.

Además, se impide que la persona desarrolle herramientas para controlar emociones o pensamientos que le causen angustia, podrían crear una personalidad falsa que deriva en la perdida de conexión con uno mismo y con otros.

En esta línea, apuntan que el sentimiento de vergüenza que se siente al tener otras emociones que no son positivas es paralizante e incómodo, y no solo para quien lo vive, sino también para los allegados, pues sienten que deben fingir que todo está bien, lo que representa una carga.

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