¿Cómo establecer límites en tus relaciones personales?

Una comunicación más honesta en tus relaciones personales traerá grandes beneficios.

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Poner límites
Foto: Pexels

Es común que antes de nuestras propias necesidades pongamos las de otras personas, desdibujando la línea sobre los límites que tenemos en las relaciones personales y, creando un ambiente o un lazo que no beneficia en realidad a ninguna de las partes.

Poner límites, explica el medio especializado Psicología y Mente, significa dar a conocer a las otras personas que eres un ser individual que tiene deseos y necesidades distintas a las suyas, las cuales deben ser respetadas.

Seguramente si en este momento te pones a pensar si tu has puesto en práctica esto como una estrategia asertiva en tus relaciones personales te darás cuenta de que no es así, ya que debemos tener claro que suele ser algo difícil en un comienzo.

Entre las razones que pueden frenarnos para poner límites se encuentran el miedo a ser rechazado al expresar lo que realmente se quiere, el intentar evitar conflictos con la otra persona mostrándose complaciente, una baja autoestima que hace que sitúes a los demás encima de tu propio bienestar, así como el sentir culpa al expresar los limites propios o tener complicaciones al momento de tomar decisiones.

Sin embargo, la importancia de tener estas determinaciones favorece que las relaciones se lleven a cabo en mejores términos, que sean igualitarias e incluso más largas. Además, evita que generen estrés o frustración pues la obligación de poner los deseos de otros antes que los tuyos desaparecerá.

Lograrlo no es cosa sencilla, pero por supuesto se puede lograr al tener claro cuáles son tus límites y saber que es necesario expresarlos a los demás. Estos son algunos consejos para comenzar con el proceso.

Aprende a decir “no” sin sentir culpa, evitando priorizar lo que otros quieren y poniendo delante lo que tu deseas.

No busques excusas para expresar cuando no tienes ánimos de hacer algo, simplemente sé honesto al decir que no tienes ganas o que prefieres hacer otra cosa.

Si sientes que estás a punto de acceder a algo solo por compromiso, mejor piénsalo dos veces, intenta encontrar el origen de ese “deber” que sientes para así establecer prioridades y poner tus necesidades antes que las de otras personas.

No tienes que disculparte cuando rechazas algún plan o invitación, simplemente di la verdad del porque no quieres o puedes ir, por ejemplo, “estoy cansado para asistir” o “este día no tengo ganas de salir”.

Deja claro a las personas de tu entorno que tienes límites, que estos deben ser respetados y que tú respetarás los suyos, por lo que no se trata de acciones que hagas con el fin de generar conflicto, sino de propiciar el bienestar.

Con información de Psicológica y Mente

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