3 historias de enfermeras que han luchado en la primera línea de COVID-19

LAs enfermeras han sido parte de los pilares para enfrentar la pandemia de Covid-19.

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Una de las enfermeras de primera línea
Foto: Pexels

En la primera línea de batalla contra la pandemia de COVID-19, el personal de enfermería ha sido fundamental, pues con su profesionalismo, atenciones, cuidados y calidad humana han enfrentado con coraje y valentía la emergencia sanitaria.

La columna vertebral de cualquier sistema de salud, como los describe el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom, ha laborado en acciones asistenciales fundamentales.

Entre ellas están, destaca en un comunicado la doctora Cynthia Soledad González Ramos, coordinadora de programas de Enfermería del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS):

Atención Respiratoria del Seguro Social (MARSS)

Despliegue para la aplicación de la vacuna contra COVID-19

Educación al paciente ambulatorio sobre los cuidados en casa

Servicios de urgencias, quirófano, hospitalización, terapia intensiva e incluso en la atención continua y permanente

Además, la especialista recordó que las enfermeras también han realizado la labor de acercar a los pacientes de COVID-19 con sus familiares a través de videollamadas, pasando los recados y dando mensajes.

80% son mujeres

En México, según información de ONU Mujeres, el 79% de las casi 500 mil personas que ejercen la enfermería son mujeres, quienes han estado expuestas a agresiones, riesgo de contagio, desgaste físico, mental y la presión debido a los insuficientes recursos y personal.

Cuando los casos de COVID-19 comenzaron a aumentar en el país, enfermeras, así como otros especialistas de la salud comenzaron a ser blanco de agresiones, pues las personas aseguraban que los iban a contagiar al trasladarse a sus trabajos, al llevar a cabo su labor protegiendo la vida de las personas.

Kantun, agredida por su labor

Ese es el caso de Kantun, de 59 años, quien, al salir de su trabajo con su uniforme de enfermera en abril de 2020, una persona que viajaba en un automóvil y pasó a su lado le gritó “¡Infectada!” y le arrojó café caliente por la espalda, según relata la BBC.

“Pensé que me habían quemado. Luego vi que no me pasó nada, pero bien pudo ser una piedra o un palo. Entonces me dio tristeza, tristeza de ver cómo la gente nos está atacando. Eso me dolió más: el daño moral”, señaló la especialista desde Mérida, Yucatán, para el medio internacional.

Ese no fue el único hecho de odio contra el personal, que un año después es mayormente reconocido, pero que entonces era visto con desprecio, impidiendo que los trabajadores de salud pudieran salir a las calles con sus uniformes con tranquilidad.

Yazmín, el temor a portar el COVID-19 al hogar

En entrevista con Milenio, Yazmín, quien es enfermera en el Hospital Regional No 72 del IMSS, en donde atiende a pacientes con COVID-19, relata que ante la situación ha tenido que permanecer aislada, sin tomar agua o comer y cargando un pesado equipo de seguridad durante hasta ocho horas continuas.

“Te tienes que preparar psicológicamente y antes de entrar hacer tus necesidades, porque no podemos hacerlo hasta que podemos salir, al menos yo trato de no tomar agua o comer algo para que no tenga que salir del área covid”, declaró la enfermera en la entrevista realizada el pasado julio al hablar sobre la falta de insumos.

Apuntó que su labor consiste en mantener el confort de los pacientes y procurar que no se deteriore con la enfermedad, lo que dijo “no es tan complicado”, pero se dificulta, explicó, debido a la imposibilidad de quitarse el equipo.

Resaltó que una de sus grandes preocupaciones radicaba en el hecho de poder llevar el virus a su hogar, lo que dijo es algo que se piensa todo el tiempo y ante lo que narró es bastante meticulosa antes de entrar a su domicilio.

“Yo salgo del hospital, me baño, me cambio de ropa, llego a casa y de nuevo hago una desinfección de mi auto afuera, llego, me cambio, meto mi ropa a lavar y me baño de nuevo, todos los días siempre que llego de trabajar”, contó.

Un cubrebocas, para dar tranquilidad

En su blog, la Universidad Panamericana relata la historia de una enfermera a la que una joven acudió, antes de que los aeropuertos cerrarán, cuando la escases de cubrebocas era de lo que se hablaba, a solicitar uno de estos enseres que se han vuelto cotidianos y necesarios.

Menciona que la mujer, de entre 25 y 30 años llegó al sitio pidiendo el tapabocas, pues iba a tomar un vuelo a Francia, sin embargo, ellos tenían indicaciones de no darlos, pues tenían que reservarlos, ante la falta de estos, para su uso.

“Yo solo quiero un tapabocas porque tengo miedo de morir”, le dijo la joven al indicar que seis personas cercanas a ella habían fallecido por la COVID-19, que ella se sentía bien, pero que no pudo encontrar cubrebocas en las farmacias.

Ante esto, con los ojos hinchados de miedo de la mujer observándola, la enfermera rompió el protocolo, luego de que un frío le recorrió el estómago, y le dio el tapabocas, pues, señala, es lo mínimo que podía hacer.

“Seguramente si ella ya había atrapado el virus o lo fuese a atrapar allá, un tapabocas no hubiera sido suficiente, pero yo como enfermera, como persona, lo único que me sentí en la posibilidad de hacer para demostrar un gesto de solidaridad y de empatía con ella fue darle los tapabocas que necesitaba”, explicó.

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