Países que aún permiten la mutilación genital femenina

Cerca de 30 países realizan procedimientos de mutilación total o parcial de los órganos genitales externos femeninos.

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Niña protesta contra la mutilación genital femenina
Foto: Pexels

La mutilación genital femenina es una práctica que viola los derechos humanos y la integridad y salud de las mujeres y niñas, pues este procedimiento comprende la ablación total o parcial de los órganos genitales externos femeninos, así como cualquier lesión a estos, por fines no médicos.

La mutilación genital femenina se practica en la mayoría de los casos a menores, entre la etapa de lactancia y los 15 años, como un reflejo de la desigualdad arraigada que existe entre hombres y mujeres.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) a más de 200 millones de mujeres y niñas vivas actualmente se les ha realizado este procedimiento que viola, además, el derecho a no ser sometida a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, así como el derecho a la vida en los casos en el que la mutilación genital femenina deriva en la muerte.

Sólo en 2021, destaca la Organización de las Naciones Unidas (ONU), 4.16 millones de niñas están en riesgo de sufrir mutilación genital femenina.

¿En dónde se practica la MGF?

Cifras del organismo de salud internacional destacan que la mutilación genital femenina se lleva a cabo en cerca de 30 países de las regiones occidental, oriental y nororiental de África, en algunos países de Oriente Medio y Asia, como India, Indonesia Iraq y Pakistán.

Entre los países de África en donde se lleva a cabo este procedimiento violatorio se encuentran: Chad, Ghana, Kenia, Uganda, Yemen, Mali, Etiopía, Egipto, República Central de África, Camerún, Nigeria y Senegal.

Además, la mutilación genital femenina también persiste en las poblaciones migrantes que viven en Europa Occidental, en Norte América, Australia y Nueva Zelanda.

¿Por qué se practica?

Las causas que llevan a que se realicen estos procedimientos son distintas dependiendo la región, así como la época, sin embargo, entre las razones sociales y culturales que se presentan con más frecuencia se encuentran:

Aceptación en la comunidad.

Se ve como una práctica común e incluso muchas veces no se cuestiona.

Presión social para que se conserve la práctica que se ha llevado a cabo desde el pasado.

Se considera parte de la crianza de las niñas.

En algunas comunidades se busca con esta asegurar la “virginidad” de las niñas antes del matrimonio, así como la fidelidad posteriormente, pues se cree que con esta se reduce la libido de la mujer.

Se encuentra asociada a concepciones culturales de feminidad y recato.

Un grave riesgo para mujeres y niñas

Esta práctica no aporta ni un solo beneficio para la salud de las niñas, sino todo lo contrario, puede generar complicaciones físicas inmediatas como hemorragia, inflamación de los tejidos genitales, problemas urinarios, estado de choque e incluso la muerte.

Mientras que a largo plazo puede derivar en consecuencias como problemas vaginales, menstruales y sexuales; complicaciones en el parto, infecciones urinarias y trastornos psicológicos como depresión y ansiedad.

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