El peligro detrás de las mal llamadas terapias de conversión

Estas "terapias" buscan "curar" a las personas de la diversidad sexual.

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bandera gay
Foto: Pixabay

Como si se tratara de una enfermedad, las mal llamadas “terapias de conversión” se definen como prácticas que tienen el fin de “curar” la identidad de género, la orientación sexual o la expresión de género de cualquier que no sea heterosexual.

Estas “terapias” utilizan diversas técnicas bajo la creencia de que se puede “modificar” a las personas homosexuales, gays o bisexuales y evitar que las personas trans realicen la transición, la detengan o la reviertan. Las “terapias” también sirven para obligar a los individuos a que se coloquen dentro de los estereotipos binarios sociales, explica el Consejo Ejecutivo de ILGA World, que reúne a organizaciones LGBT+.

Históricamente, estas practicas han asegurado que se basan en la ciencia, la psicología e incluso la medicina, lo que se trata de una cortina para poder abusar y experimentar con las personas que las han tomado o han sido obligadas a tomarlas.

En numerosos países se siguen aplicando prácticas espantosas – incluidas “terapias” de electrochoque, internamientos forzados en “clínicas” y “exorcismos”, explica la citada organización, que, además, abunda que estos abusos han empujado a las personas a “vivir vidas de autodesprecio” e incluso al suicidio.

Desde rezos hasta castración química

Otras de las “técnicas” que se realizan en estas supuestas terapias de conversión son la realización de oraciones o rezos en instituciones religiosas, el consumir medicamentos recetados propiamente para desordenes psicológicos o neurológicos, e incluso la castración química, detalla Acción Gay.

Víctor Madrigal-Borloz, experto Independiente de las Naciones Unidas sobre orientación sexual e identidad de género, explica que las estrategias principales de las “terapias de conversión” son: la intervención psicoterapéutica, las prácticas médicas y las intervenciones basadas en la fe.

El especialista, al presentar un informe sobre estos casos ante el Consejo de Derechos Humanos, sentenció que estás prácticas son “inherentemente discriminatorias, crueles, inhumanas y degradantes y que, según el grado de dolor físico o mental infligido a la víctima, pueden equivaler a formas de tortura”.

Las víctimas de las “terapias de conversión” presentan sentimientos de vergüenza, humillación, culpa, repugnancia hacia sí mismos, sensaciones de dolor y sufrimiento, afectaciones en su autoestima e incluso daños permanentes de personalidad, únicamente porque no se respeta ni acepta su orientación e identidad sexual.

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