Con los monumentos no, hablemos de iconoclasia

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Iconoclasia
Iconoclasia

Hoy es un día en el que suceden diversas marchas a lo largo de todo el país en conmemoración del 8M. Como cada año, veremos un debate polémico respecto a las pintas que se dan en especial, en monumentos que se encuentran en las calles.

Para empezar, ¿qué es y cuál es la función de un monumento? La función conceptual del monumento es proporcionar un medio para la reflexión, la interpretación y la comprensión de la historia, la cultura y los valores de una sociedad. A través del uso de símbolos, formas y materiales, los monumentos pueden evocar emociones y transmitir mensajes importantes sobre la identidad y la memoria colectiva.

Los monumentos pueden ser utilizados para honrar a los héroes, conmemorar eventos importantes, destacar los logros culturales y recordar las tragedias. También pueden utilizarse para promover los valores y la ética de una sociedad, tales como la justicia, la libertad, la igualdad, la solidaridad y la diversidad.

Más allá de su función práctica como objeto físico concreto, un monumento es más bien la representación simbólica de la sociedad que lo crea y lo mantiene. En este sentido, los monumentos pueden ser considerados como una forma de lenguaje visual y como tal, pueden ser utilizados para comunicar y transmitir mensajes a través del tiempo y el espacio.

 

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Entonces, ¿un monumento se puede modificar o intervenir?

Pues sí, tal como su función conceptual lo indica, un monumento debe hablarnos sobre aquello que como sociedad somos y vivimos, esto evoluciona y cambia a través del tiempo. No somos los que éramos hace cien, cincuenta o veinte años, por lo que los monumentos pueden modificarse para darnos voz actualmente, un ejemplo es cuando se retiran monumentos de personajes históricos que a la luz del tiempo, han sido reconocidos como dictadores.

A esto se le llama iconoclasia, un término que se refiere a la destrucción o eliminación intencional de imágenes o monumentos, especialmente los religiosos o políticos, por motivos culturales, políticos, religiosos o sociales.

La iconoclasia ha sido una práctica común en muchas culturas y épocas de la historia, como la destrucción de monumentos egipcios por parte de los romanos, la eliminación de estatuas paganas por parte de los primeros cristianos, y la destrucción de imágenes y monumentos durante la Reforma protestante.

La iconoclasia puede ser una forma de expresar un desacuerdo o rechazo hacia una determinada ideología o religión, o puede ser una forma de controlar o imponer una ideología o religión específica sobre una población.

hablemos de iconoclasia
hablemos de iconoclasia

En algunos casos, los monumentos pueden ser objeto de iconoclasia debido a su asociación con una ideología o régimen político específico. Por ejemplo, después de la caída del régimen comunista en muchos países europeos, se eliminaron o se desfiguraron los monumentos y estatuas que representaban a los líderes comunistas.

La iconoclasia es un tema polémico, ya que puede considerarse tanto como una forma de expresión de la libertad de expresión como una forma de censura y destrucción del patrimonio cultural.

Y no se trata de solo aceptarlo o repudiarlo, sino de abrir y elevar la conversación sobre todo aquello que nos atraviesa como sociedad, es decir, deberíamos pugnar por no quedarnos solo con términos simplistas como: “es que están enojadas” o ” eso ya es vandalismo”. Todas las acciones del ser humano buscan comunicar algo, los actos están cargados de simbolismos y los conceptos pueden ayudarnos a profundizar sobre lo complejo.

En particular, marchas, manifestaciones y todo lo que deriva de ellas, son actos políticos que como seres políticos que todos somos, merecen un análisis y una reflexión más profunda.

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