Si nunca discuten, tienen un gran problema

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Seguro conoces al menos una de esas parejas “perfectas” que nunca discuten o se enojan, quizá creías que ese es el ideal de la felicidad, pero eso no es muy cierto. Pelearse no es algo tan malo como se cree.

La realidad es que no discutir nunca, puede llevar a que las diferencias entre los miembros de una pareja se acumulen y vayan rápido al punto de no retorno. Muchas relaciones terminan justo por no haber discutido a tiempo, ya sea porque se alejan tanto de las opiniones y deseos del otro o porque alguien explota al final.

Según el psicólogo especializado en relaciones de pareja Sebastián Girona, “las discusiones de pareja no son precisamente algo malo. En todas las relaciones se producen antes o después diferencias ya sean estas de pensamiento, actitudes, formas de hacer, etc”.

La realidad es que discutir es una de las principales herramientas que tenemos las personas para comunicarnos con los otros, no se trata de pelear a gritos, esa puede ser una las problemáticas; darle una connotación violenta a la discusión. Lo cierto es que siempre es positivo hablar, decir nuestro punto de vista, discernir y llegar a acuerdos.

 

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Tener mejores discusiones de pareja

1. Elige tus batallas

No todas las peleas tienen el mismo valor. No es lo mismo una diferencia sobre el color que queremos para el sofá, que una de las dos partes quiera tener un hijo y la otra no. Puede haber conflictos que directamente no tengan solución. Pero si estamos ante conflictos que sí tienen solución, simplemente hay que elegir qué batallas queremos librar y proponernos tratarlos de uno a uno, del más importante, al menos importante.

2. Selecciona el mejor momento

No es lo mismo arrancar una discusión un lunes a las 7 de la mañana que un día tranquilo en el que todo ha ido fantásticamente. El momento en el que se hablan las cosas también importa. También tenemos que ser cuidadosos con la forma en la que comenzamos la discusión, evitando arrancar con críticas o señalando al otro como culpable.

3. Evita la crítica

En la medida de lo posible, debemos reformular las quejas, buscando que recaiga sobre la acción y no sobre la persona. Por ejemplo, si estamos enfadados porque nuestra pareja no ha fregado los platos, no decir que es un desastre por no haberlo, sino que nos sentimos al ver la cocina sucia. Si lanzamos el comentario como un ataque personal, la otra persona reaccionará peor y se defenderá.

4. Utilizar el humor

El humor puede ser un buen recurso para suavizar un poco los comentarios, sobre todo con temas que ya se han hablado muchas veces.

5. Aprender a frenar

Cuando el conflicto escala, a veces lo mejor es abrazar al otro, sentirlo cerca y dejar de pelear. No resuelve el problema, pero ayuda a que no se vaya de las manos.

6. Lenguaje corporal

Es muy aconsejable evitar gestos, suspiros o ademanes que indiquen desprecio hacia los argumentos que nos está exponiendo la otra persona.

7. Hablar siempre cara a cara

Podemos hablar un poco por WhatsApp, pero debería ser simplemente como introducción, un paso previo para que en otro momento podamos retomar la conversación cara a cara. Es importante que no quede la conversación en el teléfono, como si no hubiera pasado nada, cuando nos reencontramos al llegar a casa.

8. Pedir perdón

Si piensas que has hecho o dicho algo que ha podido haber herido al otro, lo más adecuado es que le pidas perdón. En este tipo de discusiones no hay ni ganadores ni perdedores. Normalmente cada uno tiene un poquito de razón, por lo que se ha de intentar escuchar al otro y evolucionar juntos.

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